Todo tiene sentido

Hoy cumplo ya un mes sin tocar bici y en estos días de parón he retrocedido en el tiempo viendo fotografías de mis comienzos en el mtb allá por el año 1990.

Mucho ha llovido desde entonces y la evolución de las bicicletas ha sido tremenda. Viví el nacimiento de las horquillas de suspensión que desbancaron a las horquillas rígidas, la llegada de los pedales automáticos que quitaron del mapa a los odiados calapies, los frenos vbrake que enterraron a los cantilever para posteriormente caer rendidos ante las virtudes de los frenos de disco, la batalla de los materiales (cromoly, aluminio, titanio, carbono) y la creación de las primeras bicicletas con doble suspensión.

La rueda no puede dejar de girar y los tubeless marcan una historia en el mundo de la mtb.

Pasan los años y con ello la evolución de las transmisiones, el sobredimensionamiento de los ejes y la integración de los rodamientos en el cuadro.

Suma y sigue, que la báscula cada vez marca menos peso y encuentro la proporcionalidad existente con mi cuenta corriente.

Empieza la nueva era y la electrónica tiene mucho que hablar en el mundo de la bicicleta. Aparecen los primeros cambios electrónicos y los fabricantes no contentos con ellos se empeñan en reinventar de nuevo la dichosa rueda. Los americanos dictan que lo más cool son las ruedas de 29″ y cuando empiezan a medio cuajar en Europa nos dicen que lo mejor son las de 27,5″.

¿Estamos perdiendo el norte? ¿Necesitamos de todas estas cosas para disfrutar de lo que más nos gusta?

Mi primera mtb fue una Derby Rabassa de 14 velocidades, platos 26-38-48 con 7 piñones que iban desde el 13 al 30. Con ella llaneaba, subía y bajaba. No existían ni las suspensiones, ni los frenos de disco, pero las trialeras se bajaban sin poner pie en tierra al igual que las subidas.

Mi viejo caballo de acero paso por quirófano, donde las manos de Tomás Perezagua dueño de Alkon le devolvieron la vida, una vida breve que le arrebaté unos meses después.

Desde entonces no deje nunca de practicar el ciclismo cualquiera que fuera su disciplina, enganchándome más y más.

Han pasado muchos años desde entonces y me siento un afortunado por vivirlo desde sus inicios. Guardo en mi retina la imagen de John Tomac montado en su Yeti con manillar de carretera, en mi oido el sonido de la mejor pandereta creada, la Tioga Disk Drive, y mi olfato conserva el olor a lluvia y barro de la primera Copa del Mundo de mtb celebrada en España en 1993 en Can Bordoi, Llinars del Vallès.

A día de hoy puedo decir que curé mi fiebre de pesar en la báscula todos los componentes antes de montarlos, de comprar todas las revistas existentes en el mercado, de crear mis propias piezas de aluminio o carbono y abandonar por completo la competición. Atrás quedo mi etapa también de mecánico que me acercó todavía más al mundo de la bicicleta, donde descubrí todos sus secretos y la decepción de que nada era indestructible.

Hace dos años decidí volver a mis inicios y volver a la bicicleta rígida de 26″. Todo vuelve a tener sentido y he vuelto a encontrar el placer de montar que me cautivó por primera vez en los 90.

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2 thoughts on “Todo tiene sentido

  1. Qué buen comentario Juan. Para disfrutar el camino hay que ir ligero de equipaje y quedarte con lo más genuino y auténtico. Muy emotivo.

  2. En los senderos se esconde la esencia del MTB

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